domingo, 4 de julio de 2010

"El picante". Intro


Ayer por la noche, estando yo sumido en las imperfecciones de mi estancia, recibí una lección del profesor de indagaciones aplicadas que habita y ejerce en mi Diencéfalo. Todavía se puede leer en el encerado que acostumbra a ubicar en el área de broca de mi corteza cerebral, los siguientes apuntes:

Problema: El sufrimiento, esa emoción que forma parte del proceso de supervivencia y aprendizaje del ser, nos rodea.
Variable nº 1: Hablar sobre malas experiencias ayuda a que otras personas puedan evitarlas.
Variable nº 2: Buscar y encontrar (más difícil esto último), deshago y comprensión; ayuda.
Advertencia: Algunos sanadores de mentes pueden etiquetarte con una tara a raíz de las malas experiencias vividas en algún periodo de tu vida; normalmente relacionado con la infancia. Tengan ustedes cuidado con los “etiquetadores“.

Las malas experiencias así como los sucesos que las albergan son asiduos temas de interés y de conversación. Sólo hace falta pulsar el botón rojo del mando para comprobarlo. Esto se debe básicamente a una razón: El morbo. Esa sensación que se genera por la gran cantidad de tabúes con los que el ser humano vive. Si la muerte fuese aceptada abiertamente como parte de la vida no existiría el morbo por el sufrimiento o el dolor que se generan ante esta. Otro efecto es el miedo. Hay gente que prefiere no enfrentarse a las consecuencias de una mala experiencia o prefiere evitarlas a toda costa, dejando de lado al que las sufre; pero esa es otra historia de mayores dimensiones. No voy a frivolizar con asuntos graves, quede por escrito y si hace falta firmado con sangre.

Hago ahora ejercicio de memoria y me sitúo en Vigo.

Tomaba yo unas cañas por primera vez con una chica que había conocido recientemente. La cita fue realmente fantástica por una razón básica. Esa tarde de invierno, nos pasamos varias horas hablando de malas experiencias como modo de entendimiento, entretenimiento y de diversión; es decir, rompiendo tabúes. Malas experiencias en relaciones de pareja, amistad y familia. Malas experiencias en los estudios, el trabajo o el ocio. Malas experiencias dando el primer paso a la calle…

En esta ocasión y como introducción al mundo de mis malas experiencias, traigo un plato fuerte y nunca mejor dicho….Os contaré una mala experiencia que sufrí hace ya algún tiempo junto con la que era mi actual pareja, por llamarlo de alguna forma.

Debéis disculparme pero en estos relatos documentales los protagonistas permanecerán en el economato (sí, yo escuchaba mucho a los Goma espuma de camino al instituto). Es muy posible que no les importase aparecer en estas líneas con su nombre real pero con tanto tabú como hay por ahí suelto; no seré yo quien asuma ese riesgo.

Daniela y yo habíamos planeado una cena para esa noche. Decidimos quedar a ultima hora de la tarde para hacernos con todo lo necesario. Existe un alto grado de erotismo en el acto de cocinar en pareja. Queríamos probar un plato jamaicano, es decir, picante. Llegados a la tienda y guiados por el orondo y achaparrado dependiente hindú, echamos mano de lo que parecen ser unos inocentes pimientos pequeños. Según él de procedencia jamaicana, como mi casera. También añadimos a la cesta, arroz, tomates, ananas, especias, pasas, sidras y cervezas.

Mientras pagamos, el dependiente le comenta juguetón a Daniela que parece una estrella de Bolywood, ella sonríe y le dice que es una estrella estrellada. Me alegro de verme involucrado en el accidente.

De camino a casa varios ingleses nos recuerdan que en Inglaterra se empieza a beber prontito. Pienso en lo borracho que he podido llegar a estar en alguna ocasión y decido abrir una lata de cerveza. No sé en que estaría pensando ella cuando me miró con cara de duda.

Al entrar en casa nos recibe el perro del compañero de piso numero 2, un pastor de aguas negro con manchas blancas; a ella amistosamente, a mi no tanto. Le he perdido el miedo a los perros desde que estuve trabajando como repartidor de panfletos para promocionar la compra-venta de oro y plata. En Inglaterra hay muchas casas y hay por lo tanto más perros que donde hay edificios y pisos. No siendo miedo, no sé entonces qué es lo que excita a este hermoso pero intranquilo canino.

Superada la rueda de reconocimiento olfativa, veinte escalones azules y el saludo protocolario al compañero de piso número 1; la calma vuelve al río.

Dejo la cazadora, voy al baño, me lavo las manos y me remango las mangas de la camisa; hay que cortar...

"El picante" Interludio

Pollo Martinica

Dado que es la primera vez que hacemos este plato y que a los jamaicanos les entusiasma lo que para nosotros es sobrecargar la comida, vamos a elaborar una versión más rápida y sencilla.

Daniela me cuenta que está bastante cansada del trabajo de camarera, tener una licenciatura y estar sirviendo platos no es plato de buen gusto. Incluso aunque los primeros estén muy buenos.

Mientras troceo el pollo y las Ananas le comento que se relaje, que en cierto modo vale la pena el sacrificio ya que una vez alcance un trabajo mejor lo valorará y disfrutará con creces.

Abro el armario y escojo el aceite que tiene pinta de ser de mejor calidad. Lo pongo en la sartén y espero a que se caliente.

Le pido a Daniela que me acerque los pimientos pero ella no me escucha. La cazo absorta removiendo el arroz en la olla y le pregunto en qué piensa. Esparce el azafrán y me cuenta que echa de menos los paseos con su perro. La morriña, aquello que la escritora gallega Rosalía de Castro convirtió en un término universal, está casi siempre presente. Y como teniendo la cabeza en el presente es como obtenemos mejores resultados, le hago saber que tiene que bajar un poco el fuego.

Para animarla le comento que me puede sacar a mi de paseo si quiere. Prometo no tirar de la correa, no acercarme a los perros de los dueños más insoportables y por supuesto, morder sólo donde deba.

A ella le hace gracia la broma, me acerco y la beso calurosamente durante un par de minutos. El tiempo suficiente para darme cuenta de que el aceite ya está listo para recibir a sus invitados.

El libro de recetas dice: Comience dorando la cebolla y los pimientos picados junto con los trozos de pollo. Procedo…

El primer efecto de los pimientos troceados al contacto con el aceite es devastador. Como si de una bomba de gas mostaza se tratara la esencia volátil sulfurosa se extiende por toda la cocina, pasando por nuestras glándulas lacrimales, olfativas y gustativas para crear una confusión tóxica donde lo más sensato es lanzarse a la trinchera del fregadero para echar mano, ojos y boca del gélido chorro de agua.

Superados los momentos de confusión creados por el ataque sorpresa tomamos las primeras decisiones tácticas. Tiramos los pimientos explosivos a la basura y como hay hambre pasamos a preparar el resto de la comida. Nunca subestimes a tu enemigo, sobre todo si lo haces desde la ignorancia. Evita también tener enemigos. Por otra parte sobra decir que resulta realmente divertido y curioso ver como las lágrimas segregadas ante el efecto del picante se pueden fusionar con las lagrimas provocadas por el posterior ataque de risa, en una comunión de emociones.

El resto de alimentos supervivientes de la comida estaban, en cualquier caso, demasiado picantes; fracaso. Afortunadamente, la dulzura de ella, el alcohol y el buen humor me permiten disfrutar de lo que se pudo rescatar, con placer.

Pero el placer, ese gran dominador de nuestros actos, ese fin por el que los medios son quebrantados; no termina en una cena.

Colocamos los platos en su sitio y nuestras mentes en su estado, apuramos las bebidas y subimos con algarabía los últimos escalones que nos llevan hasta la habitación.

La luz de la farola que se cuela por entre las rejillas de la persiana resulta escasa para iluminar la amplia habitación abuhardillada. Decidimos encender una lamparita y un par de velas aromáticas con sabor a pera, y digo sabor y no olor porque siempre tengo tentaciones de morderlas; pero, hablando de tentaciones…

"El picante". Fin

Hecho un vistazo por el Zen (si, soy un pringado no tengo Ipod) y decido poner a Shout out Louds como harmoniosa banda sonora.

La música tiene un inmediato efecto excitante, sin mediar palabra alguna ofrezco una sonrisa y mi mano a Daniela para que se levante de la cama, donde se entretiene observando unas fotografías. A veces me gusta empezar de pie por una sencilla razón, la mayor parte del tiempo estaremos tumbados. Intercambiamos miradas seductoras y sonrisas complices al tiempo que extendemos nuestros brazos, ella para rodear mi cuello, yo para rodear su cintura. Comenzamos a besarnos suave y lentamente, con detalle, sincronizando nuestras lenguas y el movimiento de nuestras cabezas. Decido avanzar y mis manos desabrochan con agilidad su camisa. Daniela se gira y de espaldas sobre mí apoya su hermoso culito sobre mi paquete; ya para entonces algo abultado. Con un susurro me pide que la rodee con los brazos, agarrando con firmeza sus pechos. Para complacerla todavía más aparto su frondosa cabellera y muerdo con fuerza en pequeñas dentelladas su cuello. Su respiración se ve progresivamente alterada. Desciendo mis manos firmes pegadas a su vientre en busca de los botones del pantalón, ella se muestra solidaria y me ayuda ante lo ceñido del modelo vaquero.

Ella en ropa interior y yo todavía vestido. Esto es injusto, me dice. Me quito la camiseta como en los anuncios de televisión aunque con menos de la mitad de la mitad de horas de gimnasio. Daniela me ayuda con los pantalones, acto seguido me empuja y caigo en la cama. Creo que se trata de una indirecta para tomar el control:

Con un movimiento sutil se abalanza sobre mí, su melena cubre toda mi cabeza y crea una oscuridad en la que sus besos comienzan a sorprenderme. No se entretiene demasiado con mi boca y pasa lenta y suavemente a besarme en el cuello, la clavícula, reptando como una serpiente de coral hacia mis pezones donde me muerde para inmovilizarme con el veneno de su saliva caliente.

El sexo Oral hace acto de presencia, extraño será el caso de aquel hombre que no adore esta técnica sexual, algunos hasta el punto de deificarla

La lengua suave y atenta exploradora , la mano firme y dominadora, el pelo cubriendo esta vez mi hambriento estómago. Percibo como el labio inferior de su provocativa boca recorre en ascenso y con mimo la fisonomía de mi polla. Rodeándola acto seguido con su lengua, una y otra vez en una espiral de deseo. Me llega también la melodía en tonalidad mayor y la soledad de ahí afuera que son ahora parte de otras vidas.

Disfruto como un niño de la labor de esta sensual mujer, ¡Oh mujer de Lesbos alza mi falo y devóralo con pasión! Pero es llegados a este punto cuando la mitología no entienden de química. Un calor más fuerte del que el propio acto podría generar de manera natural empieza a recorrer mi sensible miembro morado. ¿Será que me he puesto tan cachondo que mi aparato está empezando a arder? Me equivoco. Al acometer la penetración, el movimiento de fricción no hace más que aumentar el calor. Aquello empieza a ser un fierro, sólo que en este caso yo no quiero marcar a nadie, no de esta forma… Con que disfrute tanto como yo o más, por aquello del ego masculino, es suficiente.

Inmediatamente caigo en lo ocurrido. El componente ácido del picante ha permanecido casi intacto en la preciosa boca de ella. La preciosidad de su boca albergaba el manantial de fuego y lava. Aunque a veces no lo parezca soy una persona bastante tímida, así que al principio me abstengo de decir nada y simplemente paro para hablar, lo cual es una tontería sin sentido y fuera de lugar. Hay confianza suficiente.

- No puedo seguir, ¡la cosa está que arde! Recuérdame que la próxima vez te pida que te cepilles los dientes antes
- ¿Qué te pasa? ¿Estás muy borracho o que?
- Pues que, que… que… que necesito un litro de agua helada.
- ¿Cómo? ¿Qué dices? Vuelve aquí anda…
- ¡Qué no! ¡Qué no! Que me está ardiendo muchísimo el pene, que el picante se ha debido de quedar por toda la comida , y sobre todo en tu boca.
- ¿Lo dices en serio?
- ¿Crees que pararía si no fuese cierto?…

Nunca antes una amante se había reído tanto de un “gatillazo”. Yo también me reí mucho, muchísimo la verdad. Eso sí, después de haber puesto mi pobre pirola en remojo durante 5 minutos.

No sé si alguien se atrevería a pasar por este proceso para poder obtener después placer o recompensa con lo que la primera variable de mi profesor queda en entredicho. Ahora bien, lo que si sé, es que esta fue una de las malas experiencias más hilarantes de mi vida.

Eso si, no ha sido la única. Pronto os contaré más...